Muros

Atención: Algunas confesiones pueden contener material inapropiado para menores de edad o pueden herir susceptibilidades. Se recomienda leer bajo su propia discreción.


Tengo 21 años, casi 22, estudio el séptimo semestre de una carrera y el primer semestre de otra. Trabajo en las mañanas mientras lucho por recordar quién era. Voy a una clase extra entre el trabajo y la escuela. Solía sonreír a cada instante, solía ser coqueta, solía tener un cuerpo maravilloso, hoy solo trato que me alcance el cuerpo para seguir adelante. ¿Hasta dónde? No lo sé, aún no lo sé.

Me levanto todos los días, como si no quisiera despertarme.

Me baño y evito el espejo; me he dedicado a nutrir mi cerebro, pero he vaciado mi alma. Ya no recuerdo mi meta. Me mantienen mis recuerdos, recuerdos sencillos, donde unas palabras simples admiraban mi ingenio. Recuerdo los números de los expedientes de mi trabajo, me esfuerzo tanto, y he fallado. Quisiera decirle a la persona que he dañado que lo lamento, que siento que me han desgarrado. Por mí perdió una casa, si le sirve de consuelo he perdido mi alma.

Cometí un error de ojo humano, pero siento que debo mutilarlo.

¿Cómo te levantas? Hoy nadie me da unas palabras de aliento, ni siquiera mi cerebro se
atreve a decírmelas. ¿Por qué no renuncio?… Vagamente tengo un pensamiento, por algo empecé esto, no logro recordar por qué y esa nublada idea hace que siga aquí.

Se me cae el cabello, debo de pesar ya como 100 kilos, quisiera estar exagerando, mi piel está quemada, la mitad de mi cara a punto de estar paralizada, tengo manchas, me depilo cada dos meses si tengo suerte. Lucho, lucho a diario por ser de nuevo yo. Lucho por no llorar, por no rendirme, no he visto la luz, no sé si exista una luz, estoy tan vacía. Adquirí agilidad para memorizar, para relacionar conocimientos, para hablar sin temer.

¿A cambio de qué? Siempre tengo hambre, pero nada se me antoja.

Tengo cinco perros, uno se perdió, dos no los he visto en meses, y los otros dos solo los veo por minutos. Adoro los perros y daría la vida por cada uno de ellos. Ellos siempre están felices, como yo antes… Antes de perderme. Me gustaba bailar, cantar en el coche, de vez en cuando desviarme a la playa, ahora me he perdido.

Quisiera un mentor, un abrazo, un soporte emocional, y siento que no lo merezco. No pago luz, agua, comida, nada. Solo soy una carga económica de mi madre.


Muros, eso es lo que veo, y yo los puse allí.

¿Acaso me creí mejor que todos? ¿Acaso no lo soy?

¿Cuánto tiempo se puede vivir sin vida?

-Anó[email protected]

Ilustraciones por Sarah Joncas «Cecaelia» & «Mima»

 


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Dirección General: Omar Gamboa @OmarGamboa Edición: Lina M. Parra @wildlina Corrección de estilo: Daniela Echeverry @faerica

8 Comment

  1. Phillipe says: Responder

    La vida tiene sus momentos de empezar de ceros nuevamente cuantas veces lo necesitemos, muchas veces tendremos que tirar tanta basura que hemos recolectado por años por la borda y empezar de nuevo en ceros y reconstruirnos, de lo contrario que placer tendría la vida?

  2. Laura Tatiana says: Responder

    Hace algún tiempo a tras me sentía así como tu y lo único que me ayudo fue poner un alto a todo lo que estaba haciendo, saber si realmente lo que estaba haciendo era lo que quería para el resto de mi vida, si realmente seria feliz con lo que estaba construyendo o simplemente porque hacia las cosas. Es lo único que te puedo decir, decide si quieres continuar viviendo como lo estas haciendo, si todo lo que haces es porque amas tu carrera o si simplemente es por cumplir sueños de otros. se feliz solo tu puedes buscar tu felicidad, la felicidad no la vas a encontrar en nadie esta en ti.

  3. Tu Alma Gemela says: Responder

    leo esas palabras y anhelo sean invenciones de la mente de alguien que le gusta el melodrama. Siento un vacío tremendo leyendo esas palabras porque estoy en una situación parecida. A diferencia que yo estoy casado y ni siquiera los aciertos profesionales o la intimidad me llenan. Quisiera poder darte un abrazo y decirte que esto pasara. Así como Frodo le dice a Sam que tiene que creer que hay esperanza para Smeagol porque de esa manera habrá esperanza para él. De la misma manera, y me perdonas la comparación con tal delesnable personaje, quiero creer que hay esperanza para ti. Tengo 100 amigos y no me queda más que desahogarme con extraños por internet.

  4. Caminante says: Responder

    Tienes que mirarte, la solución está dentro de nosotros mismos. No es como mirarse a un espejo y descubrir imperfecciones, somos humanos llenos de errores, les construimos pensando que es lo que deseamos, sin embargo hay confusión, y sobre todo falta de comprensión hacia nosotros mismos.
    El camino que tienes que recorrer es frío y lleno de sombras y lo peor es la soledad, aunque estés rodeado de gente.
    Yo, cometí un grave error, abandoné a una amiga en su lecho de muerte, me había mentido y con su enfermedad me esclavizó, aquellos meses fueron como recorrer el infierno, en el que yo solo me había metido.
    Murió en la madrugada, yo hacía la guardia del alba en mi cama, y cuando sonó el teléfono supe que había ocurrido, no me equivoqué, había muerto a las 04:12.
    El entierro fue una carrera mortal, fue enterrada en su tierra, casi trescientos kilómetros, yo me decía que mejor, sentí esa sensación de perder la opresión moral a que me sometía.
    La vuelta fue lo peor, entré en el infierno, pero no el de las pelis, ese que llevamos dentro, ya me iba mortificando y cuando llegué a mi casa, sentí más cadenas, era yo mismo, por eso he dicho que la solución está en nosotros mismos, sea lo que sea.
    Y la noche siguiente no pude dormir, fue cuando me juzgué y dicté sentencia. En la pequeña habitación donde tenía el vestidor, la convertí en una celda, nada de calefacción, nada de tele, y oscuridad, y fue cuando descubrí el horror que llevamos dentro.
    En un viejo bloc de dibujo dibujé mis pesadillas, cuando me despertaba era lo primero que hacía, esos rostros de mirada torva, me miraban como si fueran mis jueces, rostros sin rasgos, solo hueso y ojos.
    Ella me engañó, estaba condenada y dejó que enamorara de ella, me arrastró a su infierno, solo te daré un detalle.
    ¿Has estado cerda de algún moribundo?, ¿Sabes lo que escapa de su boca que ya no cierra?, pues figúrate besar esa boca y el sabor de lo que escapa y más cuando te retiene consciente del asco que provoca y que se provoca así misma, me arrastraba a su infierno, ya que era consciente de cómo me había en ca_de_na_do a su cadáver.
    Otro día seguiré, me voy a la calle, necesito respirar.

  5. Los chicos de CAN says: Responder

    Hola pequeña mariposa,
    Una vida vacía, sin emociones, sin antojos, sin querer despertar cada día…ummm…Te falta un hombre que te de chispa, que entre sus fuertes brazos te sacuda, cuyos besos sean fuertes bofetadas contra tu cara, para despertarte, que invada tu vientre de miles de sensaciones que no quieras dejar de sentir, que con cada vez que te hagan el amor sea como un torbellino como un huracán, volviéndote adicta del deseo, la lujuria, pero por sobre todo, de ganas de VIVIR!

  6. Caminante says: Responder

    En aquella carrera infernal, llegamos los últimos, en mi coche me acompañaban su hermana, una ex monja arrepentida, una mujer de peli de terror, su mirada siempre era reprobadora, estaba en contra de nuestra relación y una prima de ellas, esta se mantenía al margen, pero toda su familia me odiaba.

    No por mis actos en la recta final de su vida, ya desde el principio me mostraron su repulsa, ignoro la causa, aunque no me importaba nada de nada.

    Ese pueblo está en una hoya, es decir, la carretera estrecha descendía en espiral, y como dije, llegamos los últimos, de noche, y la entrada a ese pueblo es una pequeña recta que se sale de la carretera y luego describe una amplia curva y desciende hacia la entrada del pueblo, pero en esa curva está el cementerio, ya fue una visión sombría.

    En la entrada un farol y su sepultura abierta, no muy lejos una hoguera, la helada era importante. Llegamos cuando su féretro estaba en el pudridero, esa zona de la pequeña iglesia, un responso y andando camino del cementerio, no estaba lejos.

    Hay un detalle que me he saltado, la causa de su muerte y al ser enterrada fuera, procedía que su cuerpo fue introducido en un sarcófago de cinc y soldado, y ese sarcófago en un féretro normal. Y cierto es que cuando le soldaban, pensaba que imposible que algo saliera de allí, yo pensaba en que las cadenas se estaban rompiendo, que iluso.

    La parte de su familia que vivía en el pueblo, tenía un restaurante, eran las 23 horas de la noche, y nos pusieron una cena espectacular, pero fui incapaz de comer nada, solo bebía agua, era tal el sabor amargo que tenía en la boca, y lo peor, recibía el pésame de gente de ese pueblo, incluso de su familia, ignorantes del odio de la parte de la capital, mi malestar general se mezcló con la confusión y las doce pude escapar.

    Cuando me detuve en el stop para unirme a la carretera nacional, por el espejo miré el cementerio, quedaba poco montículo de tierra y la hoguera estaba casi extinguida. Un halo blanco empezaba a cubrir el cementerio, la helada era importante, supe nunca volvería y así fue.

    Me saltaré casi todo, hablaré de los fantasmas, mucha piensa que llevan sábanas blancas, pero no, a los que yo me refiero son coincidencias de la vida y sin embargo pienso que no son tal, algo infernal se mueve.

    Como dije en el anterior comentario, la solución de los problemas se encuentra en nuestro interior, y me hizo recordar una frase de un filósofo griego, Dion Crisóstomo, siglo I. Decía que cuando las alternativas normales no funcionan, se debe de emplear las que sabemos no funcionarán.

    No con estas palabras, pero en síntesis ese es el mensaje, utilizar lo ilógico, lo que hemos desestimado como solución. Y yo hice eso, y volvemos a nuestros fantasmas, los que habitan en nuestro interior y no se cubren sábanas.

    Vendí el piso, hui de mi cárcel, ese era el primer problema, mi juicio fue allí, y empecé a romper eslabones despacio, aunque estaba inmerso en terribles dilemas.

    Y volví al centro, a mi barrio de toda la vida y una mañana de sábado fui en busca de unos cromos de futbol, y me llevé un susto de muerte, la mujer del puesto se parecía a ella en un 80%, era más mayor, pero la fuerte impresión nadie me la quitó, el primer fantasma, volví a casa temblando, maldije mi suerte, aunque nunca creí en ella.

    Y la segunda fue meses más tarde, en el edificio que había junto al que vivía, en un local comercial terminan las obras, quitan los papeles que cubrían los rótulos, y de nuevo temblé.

    Una autoescuela, el nombre de la autoescuela tenía dos apellidos, el primero se parecía al de ella y el segundo era igual al segundo de ella. Y entre la autoescuela y el puesto de periódicos no llega a ser de cien metros, decidí soslayar.

    En la actualidad esos dos fantasmas han desaparecido. En el puesto de periódicos está el hijo, a ella llevo varios años sin verla y la autoescuela ha cambiado de nombre ¿tiene que ver con mi actitud?, recordemos a la ley de Murphy. Todo lo que está mal, puede empeorar.

    Sin embargo guardo una caja, en su interior están los cuadernos, los dibujos y escritos en trozos de papel donde reflejo mi interior, ese lugar al que nadie tiene acceso.

    En aquellos tiempos tenía un blog en La Coctelera, y basado en el infierno en que estaba, reproduje lo que pudiera ser ese lugar a nuestra muerte, recuperé toda la mitología de los ángeles, buenos y malos.

    Buscaré el origen, es una especie de antelación del contenido de los capítulos que escribí y es bastante sobrecogedor y algunos comentarios me sorprendieron, había opiniones a favor.
    Y por último, como salí de mi infierno.

    Mi trabajo me abrió la puerta, y cuando miré la dirección me quedé sorprendido, era una iglesia de barrio. Junto al templo hay un edificio de dos pisos, alguien de allí se trasladaba, la empresa en que trabajo es de logística. Entré en la iglesia, es donde estaba el número de la calle y el hombre que me abrió la puerta, un técnico de telefónica me dijo que esperara allí, en el suelo muchos cables y cosas, me quedé junto al último bando del crucero y me senté en él.

    Todo estaba en penumbra, menos una zona iluminada por una vidriera circular que dejaba pasar el sol de la mañana, eran las 9. Y detrás de ese foco vi una enorme cruz acostada en el altar del lado derecho, el cristo no se veía bien, quedé sorprendido y la quietud del lugar y del momento me hizo pensar en mi problema.

    No creo en religión alguna, todas están plagadas de dudas y contradicciones, y en ese momento apareció una sombra, gran sombra, una sombra con abultado estómago, el párroco pensé ignoro cuales son las jerarquías.

    Me puse en pie, iba a hablar pero no me dejó, me miraba muy fijamente, entre mis dedos llevaba una tarjeta de mi empresa, pero él no me quitaba la mirada de mis ojos y me dijo empleando un tono poderoso a la vez que se santiguaba de una forma exagerada.

    Despacio dos dedos juntos se llevaron a la frente, luego descendió hasta su ombligo, y luego fueron de un hombro a otro, me abrió la puerta y me dijo empleando un tono peligroso. Casi mordía las palabras y escapaban finas gotas de saliva.
    – ¿Te has perdonado tú mismo?
    Reconocí lo que me había hecho. UN SIGILO.

    Cierto es que no entendí nada, tampoco sé que le dijo el técnico, y por supuesto cerré la boca y escapé de allí, llamé a mi empresa y dije que tenía avería en el coche, que enviaran otro comercial.

    Y el sábado siguiente volví al lugar de los hechos, y fotografié la iglesia y entorno, todo lo que estaba en el interior de la manzana que ocupaba. Y mientras lo hacía no dejaba de pensar en sus palabras, la solución estaba en mí mismo.

    Pero lo que nunca he comprendido es como lo supo ¿Estaba escrito en mi rostro? ¿Él tenía esa facultad para entrar en mi cerebro?

    Y estaba en lo cierto, pero no era completo, faltaba algo más importante y una persona que sabía toda la historia me abrió la puerta que mantenía cerrada, me dijo que la perdonara, precisamente esa era la parte más importante, mi sufrimiento estaba basado en el rencor, y la perdoné, esa persona de nuevo me guio, me dijo que empleara un sistema subliminal, que su percepción esté más allá de nuestro conocimiento.

    Y encontré la forma sin darme cuenta, cierto era que no entendí nada de lo que me dijo, de nuevo una iglesia me dio la respuesta. Tenía sus campanas en tierra, encima de pallets, las iban a llevar a reparar, estaban muy sucias.

    Puse mi mano en la más pequeña, la más insignificante y le hablé de ella, y donde murió, se supone que es donde el espíritu escapa del cuerpo.

    Y por otro lado, seguí las instrucciones de una tribu aborigen del cono sur africano, quemé todo lo que tenía de ella, todo. Menos un colgante, que le tiré al jardín desde el balcón donde viví antes.

    Y funcionó, estoy liberado. Aunque no la olvidaré nunca, eso es normal y ya no me atormenta, aunque como dije, si es verdad lo que algunos cuentan en la muerte, que no lo creo. Si la veo, hablaremos.

  7. hernan vieras says: Responder

    Me pasa lo mismo, pero en versión hombre. Quisiera hablar contigo y conocerte si se puede algún día… Mi facebook es Hernan Vieras

  8. CM says: Responder

    No depositemos nuestra esperanza en seres humanos. Contaminados estamos. Mundo caido. La unica esperanza viene de Dios. Creador del cielo y la tierra y todo lo que hay en ella.

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